Una mezcla de pan dulce y buena predisposición generalizada.
Pero contra el calor no se puede, y la incomodidad familiar de encontrarse en familia. Regalos que no necesitás y esos que no llegaste a comprar y en su lugar un pañuelo, una billetera. Clásicos. Y siempre hay algún ridículo que se disfraza de Papá Noel. A la mesa con mucha ensalada rusa y algún pollito al horno. Niños ruidosos y abuelas con Alzheimer. Siempre hay alguno que no se habla con otro y frases de cortesía. Qué rico que está y qué contentos se nos ve a todos. Un eruto de la abuela. Risitas y miraditas cómplices. Si llego a esa edad por favor que me ahorren por lo menos las navidades. No son las doce todavía y ya es una pesadilla de bocinazos y petardos potencialmente letales. Y si te ponés en pedo corrés el riesgo de terminar abrazado al arbolito y llorando de felicidad, porque en el fondo a todos nos gusta esto de sufrir así, juntos, en familia, masoquismo en estado puro. Porque en el fondo nos queremos, y qué mejor que torturarse colectivamente? Y porque si la pasás solo es un bajón y querés estar con otros padeciendo este festejo milenario que nos llega cada año y ya olvidamos por qué.
domingo, 7 de diciembre de 2008
domingo, 2 de noviembre de 2008
No es un día más.
Despierto con el sueño pegado al cachete. Pienso en la noche y es un blanco. Pienso en el día y es otro. No soy, aún. Lo festejo con una pequeña mueca de asco y un bostezo que se prolonga más de lo debido. Decido, muy a pesar mío, levantarme. Arrastrando sábanas y deseos reprimidos voy hasta el baño y me lavo todo rastro de la noche que ignoro. Mi cara espejada es un enigma cotidiano. Me lavo los dientes para cerciorarme de que existo. Bajo las escaleras hasta la cocina donde descubro que cené empanadas del delivery. Sobra una que resulta ser de jamón y queso. Siempre sobrio en gustos, me la como con gran deleite. El perro me lame los pies y a mí me repugna mi propia humanidad. Le devolvería el gesto pero la elongación matutina no me da para tanto. Como si me hubiera leído la mente, se pone en dos patas y me lengüetea la cara. El mejor amigo del hombre. Busco en mi memoria algún acontecimiento de la noche anterior, pero sólo encuentro un punzante dolor de cabeza que transmuta en arrepentimiento. No beberás. Pongo el agua a calentar y observo un día soleado; calor incipiente que me roza el cuerpo y un escalofrío de pavor me sacude todo. Suena el teléfono y lo compruebo, es mamá. Es domingo.
domingo, 21 de septiembre de 2008
Primavera 0
Llegó la primavera y con ella el alegre sol, el aire repleto de frescor, los pajaritos cantores y la calentura generalizada que siempre aparece en esta época del año. Algunos incluso la fingen para estar a tono. Las gentes se ponen shores y musculosas y a veces pasan frío, pero no les importa mientras tengan contra quien resfregarse. El cuerpo caliente todo lo puede.
Hoy en este día las gentes saldrán a comer sámbuches a los parques, con reposeras o sin ellas se sentarán en el pastito y respirarán el benéfico aire. Los más cooles tomarán su birrita y se cargarán un pedo alegre que les dure hasta la noche. Todos de acuerdo con todos se tolerarán como en ningún otro día del año (en navidad y año nuevo, si se fijan, nadie se tolera realmente).
A la nochecita la borrachera habrá ganado a todos y un baile insensato de alegres desfilará por las calles hasta el amanecer. Tanta algarabía me conmueve hasta los huesos. Me da pánico salir.
Y mañana será otro día.
Hoy en este día las gentes saldrán a comer sámbuches a los parques, con reposeras o sin ellas se sentarán en el pastito y respirarán el benéfico aire. Los más cooles tomarán su birrita y se cargarán un pedo alegre que les dure hasta la noche. Todos de acuerdo con todos se tolerarán como en ningún otro día del año (en navidad y año nuevo, si se fijan, nadie se tolera realmente).
A la nochecita la borrachera habrá ganado a todos y un baile insensato de alegres desfilará por las calles hasta el amanecer. Tanta algarabía me conmueve hasta los huesos. Me da pánico salir.
Y mañana será otro día.
martes, 16 de septiembre de 2008
Restos
Tengo todavía tu piel
entre mis dedos,
y aun dentro mío
ese latido anhelado.
Huelo a algo indescifrable,
duelo de algo inmemorable.
Me abismo
en mi propia carencia.
Vértigo deseante.
Cadencia con vos.
Volver me hace vacío.
entre mis dedos,
y aun dentro mío
ese latido anhelado.
Huelo a algo indescifrable,
duelo de algo inmemorable.
Me abismo
en mi propia carencia.
Vértigo deseante.
Cadencia con vos.
Volver me hace vacío.
lunes, 4 de agosto de 2008
Invernal
No puedo siquiera
quitarme la ropa
para irme a dormir.
Tal es mi apatía.
No puedo quitarte de mí
para salirme a vivir.
quitarme la ropa
para irme a dormir.
Tal es mi apatía.
No puedo quitarte de mí
para salirme a vivir.
lunes, 28 de julio de 2008
Crónica de un ex fumador
Día 25
Los fumadores están por todas partes; es imposible no toparse con ellos. La calle es lo peor, se ha convertido en el antro del fumador. Ya apenas saliendo de El Cairo me los topo. Están aglomerados en la puerta como rebaño sin pastor, meta sacar humo por boca y nariz. Y al caminar siempre tenés alguno enfrente que cual locomotora va dejando su rastro de humo que inevitablemente se termina tragando uno. Habría que hacer como esos europeos que salen con barbijo. Qué digo? Habría que prohibir fumar en la calle.
En excelentes términos con Miriam desde que adopté mi nuevo estilo de vida. Hasta el otro día cuando le pregunté, al verla comer una medialuna, si tenía idea de la cantidad de grasa innecesaria que metía en su cuerpo. Me miró con ojos sorprendidos y me preguntó si estaba insinuando que estaba gorda. Hubiera debido decir que no, pero algo en mí tomó la palabra y me escuché decir sí. Esto debió de molestarle mucho porque desde ese día no me llama. Sos un desalmado, dijo antes de irse. No puedo estar más en desacuerdo. Desde que adopté mi nuevo estilo de vida me siento con el alma amplia, llena de preocupación por los otros, por sus cuerpos y también por sus almas, ineludiblemente ligadas a estos últimos. Mi postura no es religiosa, pero me siento sin embargo con una misión, la de purificar el estilo de vida que llevamos. Esto lo llevo a cabo a través de mi libro, pero no está de más dar una opinión sincera, y por qué no, algún que otro consejo a mis hermanos. Claro está, no todos lo toman a bien. Ahí lo tienen a Jorge, quien ya tampoco me llama. Yo probablemente habría reaccionado igual en mis tiempos de mala vida, defendiendo un estilo de vida que no hacía sino perjudicarme. El cambio lleva tiempo. Y yo tengo todo el tiempo del mundo.
Los fumadores están por todas partes; es imposible no toparse con ellos. La calle es lo peor, se ha convertido en el antro del fumador. Ya apenas saliendo de El Cairo me los topo. Están aglomerados en la puerta como rebaño sin pastor, meta sacar humo por boca y nariz. Y al caminar siempre tenés alguno enfrente que cual locomotora va dejando su rastro de humo que inevitablemente se termina tragando uno. Habría que hacer como esos europeos que salen con barbijo. Qué digo? Habría que prohibir fumar en la calle.
En excelentes términos con Miriam desde que adopté mi nuevo estilo de vida. Hasta el otro día cuando le pregunté, al verla comer una medialuna, si tenía idea de la cantidad de grasa innecesaria que metía en su cuerpo. Me miró con ojos sorprendidos y me preguntó si estaba insinuando que estaba gorda. Hubiera debido decir que no, pero algo en mí tomó la palabra y me escuché decir sí. Esto debió de molestarle mucho porque desde ese día no me llama. Sos un desalmado, dijo antes de irse. No puedo estar más en desacuerdo. Desde que adopté mi nuevo estilo de vida me siento con el alma amplia, llena de preocupación por los otros, por sus cuerpos y también por sus almas, ineludiblemente ligadas a estos últimos. Mi postura no es religiosa, pero me siento sin embargo con una misión, la de purificar el estilo de vida que llevamos. Esto lo llevo a cabo a través de mi libro, pero no está de más dar una opinión sincera, y por qué no, algún que otro consejo a mis hermanos. Claro está, no todos lo toman a bien. Ahí lo tienen a Jorge, quien ya tampoco me llama. Yo probablemente habría reaccionado igual en mis tiempos de mala vida, defendiendo un estilo de vida que no hacía sino perjudicarme. El cambio lleva tiempo. Y yo tengo todo el tiempo del mundo.
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