Hay gentes que no soportan el desinfle ajeno. Tenés que estar bien, funcionar, ponerte las pilas como el conejito. Si no, te miran como si fueras de otro planeta, un planeta incomprensible, inhóspito, donde nada se produce, todo está detenido.
Después están estos giles que insisten con volver a la luna, donde que yo sepa no pasa naranja, salvo la banderita norteamericana que si parece que se mueve no es por el viento sino porque le pusieron un palito para hacer como si. Ni la banderita se puede desinflar.
Hay algo del vacío, de lo inmóvil, que nos saca de quicio.
Hoy a los chicos les enchufan un cable y andan como locos, tienen la agenda más llena que Obama. En la televisión todo se mueve frenéticamente, los dibujitos, los payasos estos que animan los programas. El otro día mi sobrina de casi cinco años me dijo "no hay que rendirse". Ehh? Quién te dijo eso, le pregunté. En la tele, me contestó.
Tenés que reaccionar, me dijo ayer mi viejo. Qué soy? Un recién nacido al que le dan palmaditas en el culito para que reaccione y muestre que está vivo? Y sí, dan ganas de llorar.
No se hable más del tema, este conejito se quedó sin repuesto.
martes, 15 de septiembre de 2009
jueves, 23 de julio de 2009
Levedad
Soy tomada por una cierta lentitud, en mis movimientos, mi sentir y mi pensar. Algo dulce y calmo que pesa sin aplastarme. No tengo la voluntad ni el deseo de salir de esta nada que me tomó por completo. Al no poder con las cosas me deshabito. Reina un vacío que propicia mi inexistencia. Me dejo estar al sol, fumar, como un convaleciente al que se le otorgan ciertas libertades. No estoy en mí, que nada me devuelva a mí. No hay falta, me colmo.
De pronto la ruptura y me siento. Vuelvo por un instante a mí y estoy en falta. El mundo, me dice una voz, está para ser habitado, experimentado; uno está para hacer, para ser, dice la voz. Hoy no estoy ni soy. Algo suelto, que flota, algo frágil y precario. Cualquier cosa puede romperme. Sin embargo, me siento más fuerte que cuando siento y vivo. Hoy me encuentro incapaz de rellenar mi día con actividades, motrices o cerebrales. No comprendo lo que leo ni lo que escucho. No tengo acceso a lo dicho, y apenas la fuerza para decir. Un privilegio que durará sólo un instante. Hay algo de disfrute plácido en este estado que me amenaza levemente. Lo conozco, es el comienzo de una caída. Pronto vendrá el movimiento enloquecido. Me acerqué a algo, es el intento de huida que será patético. Dejarme ir me da pánico.
Dejo de flotar para caer al precipicio de lo conocido. Vuelvo a mí y soy, una vez más, esa extraña en un cuerpo que el espejo me devuelve con ironía. Este rostro no es tuyo, me dice, arreglátelas como puedas.
El hechizo roto no queda otra que ponerse en movimiento. Llegó el invierno de ser otra.
De pronto la ruptura y me siento. Vuelvo por un instante a mí y estoy en falta. El mundo, me dice una voz, está para ser habitado, experimentado; uno está para hacer, para ser, dice la voz. Hoy no estoy ni soy. Algo suelto, que flota, algo frágil y precario. Cualquier cosa puede romperme. Sin embargo, me siento más fuerte que cuando siento y vivo. Hoy me encuentro incapaz de rellenar mi día con actividades, motrices o cerebrales. No comprendo lo que leo ni lo que escucho. No tengo acceso a lo dicho, y apenas la fuerza para decir. Un privilegio que durará sólo un instante. Hay algo de disfrute plácido en este estado que me amenaza levemente. Lo conozco, es el comienzo de una caída. Pronto vendrá el movimiento enloquecido. Me acerqué a algo, es el intento de huida que será patético. Dejarme ir me da pánico.
Dejo de flotar para caer al precipicio de lo conocido. Vuelvo a mí y soy, una vez más, esa extraña en un cuerpo que el espejo me devuelve con ironía. Este rostro no es tuyo, me dice, arreglátelas como puedas.
El hechizo roto no queda otra que ponerse en movimiento. Llegó el invierno de ser otra.
domingo, 28 de junio de 2009
La Eterna Esperante
Apenas se me da la oportunidad me encuentro esperando. Por eso detesto el delivery, porque significa esperar. Hasta en McDonald's espero. Espero a que llegue la comida, espero para ir a la facultad, espero a un amigo que está por llegar, a otro que está por llamar, espero la hora para, espero que pase la hora, espero que pase algo (el colectivo).
Hay algo de la estática del esperar que me atrapa y me deja clavada a un lugar. Busco algo para hacer mientras espero, pero no puedo, a la vez, desconcentrarme de mi espera. Espero, eso es lo que hago, no puedo distraerme, tengo que estar preparada para cuando llegue "el momento", no vaya a ser que me tome por sorpresa. Y es cuando uno "menos se lo espera" que las cosas pasan.
Es para des-esperar.
Hay algo de la estática del esperar que me atrapa y me deja clavada a un lugar. Busco algo para hacer mientras espero, pero no puedo, a la vez, desconcentrarme de mi espera. Espero, eso es lo que hago, no puedo distraerme, tengo que estar preparada para cuando llegue "el momento", no vaya a ser que me tome por sorpresa. Y es cuando uno "menos se lo espera" que las cosas pasan.
Es para des-esperar.
viernes, 26 de junio de 2009
A Todo o Nada
Tiendo al Absoluto. Me la paso rebotando de un Ideal a otro. La sentencia es siempre la misma: insuficiente.
"Ser o no ser, esa es la cuestión". Bueno, pues no lo es. Hay grados de ser (sino sería intolerable, como para algunos lo es). Somos seres en formación, en continua transformación. "Ser" es otro absoluto. Se es esto (por un rato), no se es aquello (hasta que se lo es), o mejor dicho, se está aquí y allá, por momentos. "No ser" es otro absoluto, digamos una absoluta contradicción, un punto inalcanzable (aun en la muerte somos, seguimos siendo, para los que quedan y en los que nosotros quedamos). El absoluto aniquila, niega la posibilidad de acceder a otra cosa, niega la realidad de los grados del ser, cierra puertas. Pero necesitamos algunas certezas inamovibles, soy esto, no soy lo otro. Olvidamos que si somos algo somos enigma, somos misterio. Asunto complejo que nos lleva a proveernos de nombres para las cosas, para los estados de alma, para nosotros mismos. Y olvidamos que es el otro quien nos nombra. Y que nada es lo que parece. No nos parecemos a nosotros mismos. Ahí reside la angustia. Buscamos en el espejo una imagen que nos defina, cuando es la mirada del otro la que nos define, y la que desconocemos. Nuestras acciones también sirven de espejo, y a veces nos devuelven una imagen desfigurada: no somos lo que creíamos ser.
Lo absoluto, lo completo, lo que "cierra". Cierra puertas, posibilidades, y la aventura (no siempre grata y sin peligros) de ser múltiples.
"Ser o no ser, esa es la cuestión". Bueno, pues no lo es. Hay grados de ser (sino sería intolerable, como para algunos lo es). Somos seres en formación, en continua transformación. "Ser" es otro absoluto. Se es esto (por un rato), no se es aquello (hasta que se lo es), o mejor dicho, se está aquí y allá, por momentos. "No ser" es otro absoluto, digamos una absoluta contradicción, un punto inalcanzable (aun en la muerte somos, seguimos siendo, para los que quedan y en los que nosotros quedamos). El absoluto aniquila, niega la posibilidad de acceder a otra cosa, niega la realidad de los grados del ser, cierra puertas. Pero necesitamos algunas certezas inamovibles, soy esto, no soy lo otro. Olvidamos que si somos algo somos enigma, somos misterio. Asunto complejo que nos lleva a proveernos de nombres para las cosas, para los estados de alma, para nosotros mismos. Y olvidamos que es el otro quien nos nombra. Y que nada es lo que parece. No nos parecemos a nosotros mismos. Ahí reside la angustia. Buscamos en el espejo una imagen que nos defina, cuando es la mirada del otro la que nos define, y la que desconocemos. Nuestras acciones también sirven de espejo, y a veces nos devuelven una imagen desfigurada: no somos lo que creíamos ser.
Lo absoluto, lo completo, lo que "cierra". Cierra puertas, posibilidades, y la aventura (no siempre grata y sin peligros) de ser múltiples.
sábado, 13 de junio de 2009
Qué hacés?
Somos lo que hacemos o hacemos lo que somos?
Es curioso que el saludo en Argentina se formule con esta pregunta. Tan importante es lo que uno hace? Más aún que lo que uno es? (bueno, como si esto se pudiera definir)
Quizá para un mundo exitista lo sea; cuanto más vale para el otro lo que hago, más valioso me encuentran y más valioso me encuentro yo.
Recuerdo que cuando volví de México a los diez años esta pregunta me ponía muy nerviosa. Cada vez que sonaba el teléfono y yo me encontraba haciendo nada (cosa que ocurría a menudo), me rompía la cabeza pensando en qué mentira podía inventar para responder adecuadamente a esa pregunta tan molesta. Lo admito, tiendo a ser un tanto literal. Me costó acostumbrarme al hecho de que no era en sí una pregunta sino un simple saludo. Pero qué curiosa manera de saludar!
En Colombia, por otro lado, la pregunta-saludo es otra: "qué más?" Asunto más incómodo todavía. Qué más qué? Ya te aburrí? pero si todavía no dije nada!
Pero supongo que, como toda convención, estas preguntas-saludo tienen su razón de ser porque no significan nada, están ahí para simplificar las cosas. Qué pasaría si el saludo consistiera en un "cómo te sentís?" Sería complicado, y tomaría un tiempo del que no disponemos. Por eso su reemplazo, el famoso "todo bien?", y su muy avispada respuesta por parte de algunos, "sí, o querés que te cuente?"
Es curioso que el saludo en Argentina se formule con esta pregunta. Tan importante es lo que uno hace? Más aún que lo que uno es? (bueno, como si esto se pudiera definir)
Quizá para un mundo exitista lo sea; cuanto más vale para el otro lo que hago, más valioso me encuentran y más valioso me encuentro yo.
Recuerdo que cuando volví de México a los diez años esta pregunta me ponía muy nerviosa. Cada vez que sonaba el teléfono y yo me encontraba haciendo nada (cosa que ocurría a menudo), me rompía la cabeza pensando en qué mentira podía inventar para responder adecuadamente a esa pregunta tan molesta. Lo admito, tiendo a ser un tanto literal. Me costó acostumbrarme al hecho de que no era en sí una pregunta sino un simple saludo. Pero qué curiosa manera de saludar!
En Colombia, por otro lado, la pregunta-saludo es otra: "qué más?" Asunto más incómodo todavía. Qué más qué? Ya te aburrí? pero si todavía no dije nada!
Pero supongo que, como toda convención, estas preguntas-saludo tienen su razón de ser porque no significan nada, están ahí para simplificar las cosas. Qué pasaría si el saludo consistiera en un "cómo te sentís?" Sería complicado, y tomaría un tiempo del que no disponemos. Por eso su reemplazo, el famoso "todo bien?", y su muy avispada respuesta por parte de algunos, "sí, o querés que te cuente?"
viernes, 29 de mayo de 2009
Muerte
La abuela. La que safaba en navidad gracias a su alzheimer y su sordera.
Qué se hace en un velatorio?
Primero lloramos un poco (o mucho, depende del muerto) y nos emociona la emoción de los otros, y así lloramos un poco más.
La familia reunita. Nos reencontramos con primos, tíos, caras conocidas sin nombre, nombres sin cara conocida, y una cantidad de información acerca de quién es hijo de quién y cuántos hijos tienen estos hijos. Y, nobleza obliga, se les deben comentarios acerca de cuán grandes están los chicos, qué bonitos todos, cuán viejos, o gordos están ellos, y qué felicidad verlos a todos (incluídos los sin nombre y los sin cara). La única diferencia con algunas navidades multitudinarias es que, primero, la abuela safó más que nunca, y segundo, la falta (muy sentida) de canapés y copas de champán.
Nadie (salvo los hijos y algún morboso) se anima a mirar dentro del ataúd. Los niños corretean, abrumados por algo que no terminan de comprender. Para ellos es un juego. Alguien se murió y lo guardaron en un cajón. Y ahora qué pasa? Se queda a vivir ahí? Toma la escalera que va al cielo (porque cómo llegar tan alto sino?), se lo lleva el cuco porque también como ellos se portó mal pero no pidió perdón? Demasiadas preguntas sin respuesta, o demasiadas respuestas a una sóla pregunta: qué significa un muerto? Y lo que los niños quizá ignoren es que las mismas preguntas, las mismas respuestas, pasan en ese mismo instante por la mente turbada de los grandes. Pero no hay tiempo para pensar porque qué grande que está! cuántos tenés ya? y quién es el narigón canoso que me resulta tan familiar?
Siempre está, por supuesto, el que se confunde de sala, y llora un poco al pedo hasta que se da cuenta de su error y con fingido pesar se retira.
Y mientras los vivos nos lanzamos a esta pantomima necesaria, el muerto descansa en paz. Después de enterrarlo nos vamos todos, con la propia mortalidad a cuestas y el estómago vacío.
Qué se hace en un velatorio?
Primero lloramos un poco (o mucho, depende del muerto) y nos emociona la emoción de los otros, y así lloramos un poco más.
La familia reunita. Nos reencontramos con primos, tíos, caras conocidas sin nombre, nombres sin cara conocida, y una cantidad de información acerca de quién es hijo de quién y cuántos hijos tienen estos hijos. Y, nobleza obliga, se les deben comentarios acerca de cuán grandes están los chicos, qué bonitos todos, cuán viejos, o gordos están ellos, y qué felicidad verlos a todos (incluídos los sin nombre y los sin cara). La única diferencia con algunas navidades multitudinarias es que, primero, la abuela safó más que nunca, y segundo, la falta (muy sentida) de canapés y copas de champán.
Nadie (salvo los hijos y algún morboso) se anima a mirar dentro del ataúd. Los niños corretean, abrumados por algo que no terminan de comprender. Para ellos es un juego. Alguien se murió y lo guardaron en un cajón. Y ahora qué pasa? Se queda a vivir ahí? Toma la escalera que va al cielo (porque cómo llegar tan alto sino?), se lo lleva el cuco porque también como ellos se portó mal pero no pidió perdón? Demasiadas preguntas sin respuesta, o demasiadas respuestas a una sóla pregunta: qué significa un muerto? Y lo que los niños quizá ignoren es que las mismas preguntas, las mismas respuestas, pasan en ese mismo instante por la mente turbada de los grandes. Pero no hay tiempo para pensar porque qué grande que está! cuántos tenés ya? y quién es el narigón canoso que me resulta tan familiar?
Siempre está, por supuesto, el que se confunde de sala, y llora un poco al pedo hasta que se da cuenta de su error y con fingido pesar se retira.
Y mientras los vivos nos lanzamos a esta pantomima necesaria, el muerto descansa en paz. Después de enterrarlo nos vamos todos, con la propia mortalidad a cuestas y el estómago vacío.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
FELIZ NAVIDAD Y PROSPERÍSIMO
A los felices y entusiastas de la navidad: no exageren che
A los deprimidos y renegados: no exageren che
Mis más tiernos y humildes deseos para esta tan bonita y calurosa navidad: que coman todo lo que tienen que comer (no se olviden de que el año que viene van a pasar hambre) y que sean sensatos a la hora del champán (una botella por cabeza ES mucho), que los regalos que reciban sean más caros y mejores que los que compraron, y que se cumplan todos sus más egoistas y estrafalarios deseos y también los de poco vuelo. Para los que se empedan para recibir el nuevo año: después no se quejen porque el año empezó mal.
Mucha algarabía y despilfarro de emociones para todos y nos vemos el año que viene...
A los deprimidos y renegados: no exageren che
Mis más tiernos y humildes deseos para esta tan bonita y calurosa navidad: que coman todo lo que tienen que comer (no se olviden de que el año que viene van a pasar hambre) y que sean sensatos a la hora del champán (una botella por cabeza ES mucho), que los regalos que reciban sean más caros y mejores que los que compraron, y que se cumplan todos sus más egoistas y estrafalarios deseos y también los de poco vuelo. Para los que se empedan para recibir el nuevo año: después no se quejen porque el año empezó mal.
Mucha algarabía y despilfarro de emociones para todos y nos vemos el año que viene...
domingo, 7 de diciembre de 2008
NAVIDAD
Una mezcla de pan dulce y buena predisposición generalizada.
Pero contra el calor no se puede, y la incomodidad familiar de encontrarse en familia. Regalos que no necesitás y esos que no llegaste a comprar y en su lugar un pañuelo, una billetera. Clásicos. Y siempre hay algún ridículo que se disfraza de Papá Noel. A la mesa con mucha ensalada rusa y algún pollito al horno. Niños ruidosos y abuelas con Alzheimer. Siempre hay alguno que no se habla con otro y frases de cortesía. Qué rico que está y qué contentos se nos ve a todos. Un eruto de la abuela. Risitas y miraditas cómplices. Si llego a esa edad por favor que me ahorren por lo menos las navidades. No son las doce todavía y ya es una pesadilla de bocinazos y petardos potencialmente letales. Y si te ponés en pedo corrés el riesgo de terminar abrazado al arbolito y llorando de felicidad, porque en el fondo a todos nos gusta esto de sufrir así, juntos, en familia, masoquismo en estado puro. Porque en el fondo nos queremos, y qué mejor que torturarse colectivamente? Y porque si la pasás solo es un bajón y querés estar con otros padeciendo este festejo milenario que nos llega cada año y ya olvidamos por qué.
Pero contra el calor no se puede, y la incomodidad familiar de encontrarse en familia. Regalos que no necesitás y esos que no llegaste a comprar y en su lugar un pañuelo, una billetera. Clásicos. Y siempre hay algún ridículo que se disfraza de Papá Noel. A la mesa con mucha ensalada rusa y algún pollito al horno. Niños ruidosos y abuelas con Alzheimer. Siempre hay alguno que no se habla con otro y frases de cortesía. Qué rico que está y qué contentos se nos ve a todos. Un eruto de la abuela. Risitas y miraditas cómplices. Si llego a esa edad por favor que me ahorren por lo menos las navidades. No son las doce todavía y ya es una pesadilla de bocinazos y petardos potencialmente letales. Y si te ponés en pedo corrés el riesgo de terminar abrazado al arbolito y llorando de felicidad, porque en el fondo a todos nos gusta esto de sufrir así, juntos, en familia, masoquismo en estado puro. Porque en el fondo nos queremos, y qué mejor que torturarse colectivamente? Y porque si la pasás solo es un bajón y querés estar con otros padeciendo este festejo milenario que nos llega cada año y ya olvidamos por qué.
domingo, 2 de noviembre de 2008
No es un día más.
Despierto con el sueño pegado al cachete. Pienso en la noche y es un blanco. Pienso en el día y es otro. No soy, aún. Lo festejo con una pequeña mueca de asco y un bostezo que se prolonga más de lo debido. Decido, muy a pesar mío, levantarme. Arrastrando sábanas y deseos reprimidos voy hasta el baño y me lavo todo rastro de la noche que ignoro. Mi cara espejada es un enigma cotidiano. Me lavo los dientes para cerciorarme de que existo. Bajo las escaleras hasta la cocina donde descubro que cené empanadas del delivery. Sobra una que resulta ser de jamón y queso. Siempre sobrio en gustos, me la como con gran deleite. El perro me lame los pies y a mí me repugna mi propia humanidad. Le devolvería el gesto pero la elongación matutina no me da para tanto. Como si me hubiera leído la mente, se pone en dos patas y me lengüetea la cara. El mejor amigo del hombre. Busco en mi memoria algún acontecimiento de la noche anterior, pero sólo encuentro un punzante dolor de cabeza que transmuta en arrepentimiento. No beberás. Pongo el agua a calentar y observo un día soleado; calor incipiente que me roza el cuerpo y un escalofrío de pavor me sacude todo. Suena el teléfono y lo compruebo, es mamá. Es domingo.
domingo, 21 de septiembre de 2008
Primavera 0
Llegó la primavera y con ella el alegre sol, el aire repleto de frescor, los pajaritos cantores y la calentura generalizada que siempre aparece en esta época del año. Algunos incluso la fingen para estar a tono. Las gentes se ponen shores y musculosas y a veces pasan frío, pero no les importa mientras tengan contra quien resfregarse. El cuerpo caliente todo lo puede.
Hoy en este día las gentes saldrán a comer sámbuches a los parques, con reposeras o sin ellas se sentarán en el pastito y respirarán el benéfico aire. Los más cooles tomarán su birrita y se cargarán un pedo alegre que les dure hasta la noche. Todos de acuerdo con todos se tolerarán como en ningún otro día del año (en navidad y año nuevo, si se fijan, nadie se tolera realmente).
A la nochecita la borrachera habrá ganado a todos y un baile insensato de alegres desfilará por las calles hasta el amanecer. Tanta algarabía me conmueve hasta los huesos. Me da pánico salir.
Y mañana será otro día.
Hoy en este día las gentes saldrán a comer sámbuches a los parques, con reposeras o sin ellas se sentarán en el pastito y respirarán el benéfico aire. Los más cooles tomarán su birrita y se cargarán un pedo alegre que les dure hasta la noche. Todos de acuerdo con todos se tolerarán como en ningún otro día del año (en navidad y año nuevo, si se fijan, nadie se tolera realmente).
A la nochecita la borrachera habrá ganado a todos y un baile insensato de alegres desfilará por las calles hasta el amanecer. Tanta algarabía me conmueve hasta los huesos. Me da pánico salir.
Y mañana será otro día.
martes, 16 de septiembre de 2008
Restos
Tengo todavía tu piel
entre mis dedos,
y aun dentro mío
ese latido anhelado.
Huelo a algo indescifrable,
duelo de algo inmemorable.
Me abismo
en mi propia carencia.
Vértigo deseante.
Cadencia con vos.
Volver me hace vacío.
entre mis dedos,
y aun dentro mío
ese latido anhelado.
Huelo a algo indescifrable,
duelo de algo inmemorable.
Me abismo
en mi propia carencia.
Vértigo deseante.
Cadencia con vos.
Volver me hace vacío.
lunes, 4 de agosto de 2008
Invernal
No puedo siquiera
quitarme la ropa
para irme a dormir.
Tal es mi apatía.
No puedo quitarte de mí
para salirme a vivir.
quitarme la ropa
para irme a dormir.
Tal es mi apatía.
No puedo quitarte de mí
para salirme a vivir.
lunes, 28 de julio de 2008
Crónica de un ex fumador
Día 25
Los fumadores están por todas partes; es imposible no toparse con ellos. La calle es lo peor, se ha convertido en el antro del fumador. Ya apenas saliendo de El Cairo me los topo. Están aglomerados en la puerta como rebaño sin pastor, meta sacar humo por boca y nariz. Y al caminar siempre tenés alguno enfrente que cual locomotora va dejando su rastro de humo que inevitablemente se termina tragando uno. Habría que hacer como esos europeos que salen con barbijo. Qué digo? Habría que prohibir fumar en la calle.
En excelentes términos con Miriam desde que adopté mi nuevo estilo de vida. Hasta el otro día cuando le pregunté, al verla comer una medialuna, si tenía idea de la cantidad de grasa innecesaria que metía en su cuerpo. Me miró con ojos sorprendidos y me preguntó si estaba insinuando que estaba gorda. Hubiera debido decir que no, pero algo en mí tomó la palabra y me escuché decir sí. Esto debió de molestarle mucho porque desde ese día no me llama. Sos un desalmado, dijo antes de irse. No puedo estar más en desacuerdo. Desde que adopté mi nuevo estilo de vida me siento con el alma amplia, llena de preocupación por los otros, por sus cuerpos y también por sus almas, ineludiblemente ligadas a estos últimos. Mi postura no es religiosa, pero me siento sin embargo con una misión, la de purificar el estilo de vida que llevamos. Esto lo llevo a cabo a través de mi libro, pero no está de más dar una opinión sincera, y por qué no, algún que otro consejo a mis hermanos. Claro está, no todos lo toman a bien. Ahí lo tienen a Jorge, quien ya tampoco me llama. Yo probablemente habría reaccionado igual en mis tiempos de mala vida, defendiendo un estilo de vida que no hacía sino perjudicarme. El cambio lleva tiempo. Y yo tengo todo el tiempo del mundo.
Los fumadores están por todas partes; es imposible no toparse con ellos. La calle es lo peor, se ha convertido en el antro del fumador. Ya apenas saliendo de El Cairo me los topo. Están aglomerados en la puerta como rebaño sin pastor, meta sacar humo por boca y nariz. Y al caminar siempre tenés alguno enfrente que cual locomotora va dejando su rastro de humo que inevitablemente se termina tragando uno. Habría que hacer como esos europeos que salen con barbijo. Qué digo? Habría que prohibir fumar en la calle.
En excelentes términos con Miriam desde que adopté mi nuevo estilo de vida. Hasta el otro día cuando le pregunté, al verla comer una medialuna, si tenía idea de la cantidad de grasa innecesaria que metía en su cuerpo. Me miró con ojos sorprendidos y me preguntó si estaba insinuando que estaba gorda. Hubiera debido decir que no, pero algo en mí tomó la palabra y me escuché decir sí. Esto debió de molestarle mucho porque desde ese día no me llama. Sos un desalmado, dijo antes de irse. No puedo estar más en desacuerdo. Desde que adopté mi nuevo estilo de vida me siento con el alma amplia, llena de preocupación por los otros, por sus cuerpos y también por sus almas, ineludiblemente ligadas a estos últimos. Mi postura no es religiosa, pero me siento sin embargo con una misión, la de purificar el estilo de vida que llevamos. Esto lo llevo a cabo a través de mi libro, pero no está de más dar una opinión sincera, y por qué no, algún que otro consejo a mis hermanos. Claro está, no todos lo toman a bien. Ahí lo tienen a Jorge, quien ya tampoco me llama. Yo probablemente habría reaccionado igual en mis tiempos de mala vida, defendiendo un estilo de vida que no hacía sino perjudicarme. El cambio lleva tiempo. Y yo tengo todo el tiempo del mundo.
miércoles, 23 de julio de 2008
Crónica de un ex fumador
Día 23
Hoy vino Jorge. Me trajo unas naranjas que compró en San Pedro. Le conté de mi sueño. Se rió. Yo me puse muy serio y le pregunté de qué se reía, si no entendía la gravedad del asunto. Qué gravedad, quiso saber, de qué asunto hablaba? Traté de explicarle lo mejor que pude acerca de los peligros de nuestra civilización, de nuestro modo de vida. Entonces fue él quien se puso serio, y me dijo lo siguiente : “Sabés Antonio, te prefería cuando fumabas”. Sin decir más pegó media vuelta y se fue. Me tomé la fiebre. Treinta y nueve marcaba el termómetro. Me acosté y dormí el sueño de los justos.
Día 24
El Cairo. Fresco como una lechuga. Vuelvo una vez más a recuperar mis mañanas en este café. Últimamente vengo sólo de mañana, y muy temprano, antes de que los olores putrefactos de la cocina arruinen el aire que es tan puro como puede serlo cualquier aire en una ciudad sucia y llena de polución. Pero no me quejo, por lo menos los fumadores tienen vedada la entrada a mi santuario. El sólo hecho de pensar que yo vine alguna vez a este lugar para llenarlo de humo me da vuelta el estómago de vergüenza y arrepentimiento. Desde la ventana veo pasar a los fumadores y les hago burla en mi imaginación. Los detesto. Por gracia divina aprendí a detestarlos y a detestar mi pasado de humo sucio y estéril. Puedo olerlos a la distancia, en este café, a los que fuman. Les siento el olor en la ropa, en las manos, en la cara misma. Puedo reconocerlos sin esfuerzo, tienen la expresión de los que sufren, de los condenados. No deberían dejarlos entrar.
Me quedé pensando mucho en lo que me dijo Jorge, es algo que me impresionó mucho, impactó en lo más hondo de mi ser. Lo creía mi amigo, lo creía puro, pero no es más que un débil, como todo aquel que no acepta el cambio positivo. Mi nuevo estilo de vida es un reto para muchos, difícil de entender y aceptar, ya que yo mismo acepto tan poco. Fui invitado un par de veces a cenar con amigos, pero al verlos tomar y comer no podía más que recordar mi pesadilla y juzgarlos perdidos, eternamente condenados a una vida de consumo fácil y superficial. Todos me felicitaron por mi cambio de vida, ignorando hasta qué punto éste se dio. Se pasaron la cena hablando del cigarrillo, de lo mal que te hace, de lo bueno que es dejarlo. Yo no podía escuchar más, ni verlos llevarse la comida a la boca como animales desnutridos, y bajarla con el vino como si fuera lo más normal del mundo. Asqueado, me retiré temprano, diciendo que tenía que trabajar en mi libro.
El moso me trae mi té de manzanilla con cara de desconcierto, hace esto todas las mañanas. Me desconoce, y yo a él.
Hoy vino Jorge. Me trajo unas naranjas que compró en San Pedro. Le conté de mi sueño. Se rió. Yo me puse muy serio y le pregunté de qué se reía, si no entendía la gravedad del asunto. Qué gravedad, quiso saber, de qué asunto hablaba? Traté de explicarle lo mejor que pude acerca de los peligros de nuestra civilización, de nuestro modo de vida. Entonces fue él quien se puso serio, y me dijo lo siguiente : “Sabés Antonio, te prefería cuando fumabas”. Sin decir más pegó media vuelta y se fue. Me tomé la fiebre. Treinta y nueve marcaba el termómetro. Me acosté y dormí el sueño de los justos.
Día 24
El Cairo. Fresco como una lechuga. Vuelvo una vez más a recuperar mis mañanas en este café. Últimamente vengo sólo de mañana, y muy temprano, antes de que los olores putrefactos de la cocina arruinen el aire que es tan puro como puede serlo cualquier aire en una ciudad sucia y llena de polución. Pero no me quejo, por lo menos los fumadores tienen vedada la entrada a mi santuario. El sólo hecho de pensar que yo vine alguna vez a este lugar para llenarlo de humo me da vuelta el estómago de vergüenza y arrepentimiento. Desde la ventana veo pasar a los fumadores y les hago burla en mi imaginación. Los detesto. Por gracia divina aprendí a detestarlos y a detestar mi pasado de humo sucio y estéril. Puedo olerlos a la distancia, en este café, a los que fuman. Les siento el olor en la ropa, en las manos, en la cara misma. Puedo reconocerlos sin esfuerzo, tienen la expresión de los que sufren, de los condenados. No deberían dejarlos entrar.
Me quedé pensando mucho en lo que me dijo Jorge, es algo que me impresionó mucho, impactó en lo más hondo de mi ser. Lo creía mi amigo, lo creía puro, pero no es más que un débil, como todo aquel que no acepta el cambio positivo. Mi nuevo estilo de vida es un reto para muchos, difícil de entender y aceptar, ya que yo mismo acepto tan poco. Fui invitado un par de veces a cenar con amigos, pero al verlos tomar y comer no podía más que recordar mi pesadilla y juzgarlos perdidos, eternamente condenados a una vida de consumo fácil y superficial. Todos me felicitaron por mi cambio de vida, ignorando hasta qué punto éste se dio. Se pasaron la cena hablando del cigarrillo, de lo mal que te hace, de lo bueno que es dejarlo. Yo no podía escuchar más, ni verlos llevarse la comida a la boca como animales desnutridos, y bajarla con el vino como si fuera lo más normal del mundo. Asqueado, me retiré temprano, diciendo que tenía que trabajar en mi libro.
El moso me trae mi té de manzanilla con cara de desconcierto, hace esto todas las mañanas. Me desconoce, y yo a él.
lunes, 21 de julio de 2008
Dicen...
Me dicen que busque
Pero yo sólo sé encontrar.
Y a veces al encontrar me pierdo,
Sólo un poco,
Y al salir a buscarme
Olvido lo encontrado
Y alguien se lo lleva.
Me dicen que aprenda a buscar
Pero yo sólo sé perder
Capa tras capa hasta quedar desnuda
Esperando que alguien me vista
De persona, de mundo,
De universo
Y pasar desapercibida.
Me dicen que salga
Cuando todavía no entré
En mí, espantada
Como vivo
De toda interioridad.
Me dicen que es normal.
Y yo sé que no lo es.
Pero yo sólo sé encontrar.
Y a veces al encontrar me pierdo,
Sólo un poco,
Y al salir a buscarme
Olvido lo encontrado
Y alguien se lo lleva.
Me dicen que aprenda a buscar
Pero yo sólo sé perder
Capa tras capa hasta quedar desnuda
Esperando que alguien me vista
De persona, de mundo,
De universo
Y pasar desapercibida.
Me dicen que salga
Cuando todavía no entré
En mí, espantada
Como vivo
De toda interioridad.
Me dicen que es normal.
Y yo sé que no lo es.
viernes, 18 de julio de 2008
Crónica de un ex fumador
Día 22
En cama. Me atacó una fiebre espantosa. Estoy convencido de que es la fatal consecuencia de mis excesos pasados. Y así la tolero, manso y entregado al más profundo arrepentimiento. Todo se paga en esta vida, y yo me siento feliz de pagar si esto significa que estoy purificando mi organismo de todas aquellas bacterias que yo mismo invité a convivir en mí. Venid bacterias! Cubridme por completo! Pues cuando me hayan dejado seré limpio y puro como un recién nacido.
No sé si fue producto de la fiebre o de mi espíritu convulsionado, pero anoche fui visitado por visiones terroríficas. Encontrábame yo en una especie de reunión social. El lugar era pequeño y casi no entraban todos los invitados. Se rozaban las espaldas y los codos; las cabezas parecían salir todas del mismo torso. Era algo nauseabundo. El ruido era infernal : risas estrepitosas, llantos llenos de amargura y desesperación, gritos insensatos, y una tos seca que retumbaba en todo el salón. La gente fumaba y toda la habitación estaba cubierta de humo, al punto que casi no se podían distinguir las siluetas. Todos con un vaso en la mano, tomaban y comían con desesperación, agarrando la comida con las manos y lanzándola a la boca de los otros como proyectiles. Todos abrían la boca bien grande y atrapaban pedazos de comida que volaban por el aire. Se servían champán en cantidades, tirándolo al piso, contra las paredes, sobre ellos mismos. Desde el fondo del salón, alguien tocaba una melodía árabe con una flauta, y la melodía parecía estar dirigida a mí, invitándome a participar. Me resistí todo lo que pude, acorralado en un rincón, apretándome contra la pared lo más fuerte que podía, como queriendo atravesarla. Pero de pronto la pared se volvió blanda y viscosa, de un verde amarillento muy desagradable, y grandes gusanos empezaron a salir de ella. Espantado corrí hacia el gentío. Lo atravesé como pude, guiado por la melodía. Podía sentir cómo manos extrañas me tocaban al pasar, y pedazos de comida se estrellaban contra mi cara. Finalmente llegué al final del salón y me encontré con una especie de tarima, y allí, sentado sobre un almohadón, estaba Jorge, rodeado de mis amigos, tocando la flauta y sonriendo maliciosamente. De pronto la flauta dejó de ser una flauta para convertirse en un cigarrillo gigante, y en lugar de la melodía me envolvía el humo del cigarrillo, atrapándome. Mi propio grito me despertó. Tenía toda la ropa empapada en sudor. Me levanté y me di una ducha caliente. Para mi gran sorpresa, mientras me duchaba me largué a llorar. Lloré como hace mucho no lo hacía, lloré como un bebé desahuciado, como un hombre quebrado. Sí señores, lloré.
Si escribo en este diario la horrenda experiencia de anoche es sólo para dejar asentado que después me sentí libre y liviano, puro y limpio de todos mis errores pasados.
En cama. Me atacó una fiebre espantosa. Estoy convencido de que es la fatal consecuencia de mis excesos pasados. Y así la tolero, manso y entregado al más profundo arrepentimiento. Todo se paga en esta vida, y yo me siento feliz de pagar si esto significa que estoy purificando mi organismo de todas aquellas bacterias que yo mismo invité a convivir en mí. Venid bacterias! Cubridme por completo! Pues cuando me hayan dejado seré limpio y puro como un recién nacido.
No sé si fue producto de la fiebre o de mi espíritu convulsionado, pero anoche fui visitado por visiones terroríficas. Encontrábame yo en una especie de reunión social. El lugar era pequeño y casi no entraban todos los invitados. Se rozaban las espaldas y los codos; las cabezas parecían salir todas del mismo torso. Era algo nauseabundo. El ruido era infernal : risas estrepitosas, llantos llenos de amargura y desesperación, gritos insensatos, y una tos seca que retumbaba en todo el salón. La gente fumaba y toda la habitación estaba cubierta de humo, al punto que casi no se podían distinguir las siluetas. Todos con un vaso en la mano, tomaban y comían con desesperación, agarrando la comida con las manos y lanzándola a la boca de los otros como proyectiles. Todos abrían la boca bien grande y atrapaban pedazos de comida que volaban por el aire. Se servían champán en cantidades, tirándolo al piso, contra las paredes, sobre ellos mismos. Desde el fondo del salón, alguien tocaba una melodía árabe con una flauta, y la melodía parecía estar dirigida a mí, invitándome a participar. Me resistí todo lo que pude, acorralado en un rincón, apretándome contra la pared lo más fuerte que podía, como queriendo atravesarla. Pero de pronto la pared se volvió blanda y viscosa, de un verde amarillento muy desagradable, y grandes gusanos empezaron a salir de ella. Espantado corrí hacia el gentío. Lo atravesé como pude, guiado por la melodía. Podía sentir cómo manos extrañas me tocaban al pasar, y pedazos de comida se estrellaban contra mi cara. Finalmente llegué al final del salón y me encontré con una especie de tarima, y allí, sentado sobre un almohadón, estaba Jorge, rodeado de mis amigos, tocando la flauta y sonriendo maliciosamente. De pronto la flauta dejó de ser una flauta para convertirse en un cigarrillo gigante, y en lugar de la melodía me envolvía el humo del cigarrillo, atrapándome. Mi propio grito me despertó. Tenía toda la ropa empapada en sudor. Me levanté y me di una ducha caliente. Para mi gran sorpresa, mientras me duchaba me largué a llorar. Lloré como hace mucho no lo hacía, lloré como un bebé desahuciado, como un hombre quebrado. Sí señores, lloré.
Si escribo en este diario la horrenda experiencia de anoche es sólo para dejar asentado que después me sentí libre y liviano, puro y limpio de todos mis errores pasados.
martes, 15 de julio de 2008
Crónica de un ex fumador
Día 20
Días difíciles. He entrado en una etapa de estricto ascetismo. A todo digo que no, única manera de estar seguro de no caer en alguna trampa preparada por mí mismo o por los otros. El motivo de esto es haber caído estrepitosamente casi sin darme cuenta. Pasé un par de días oscuros y confusos encerrado en el baño, tomando champán y fumando estos habanos que no puede haber sido sino el mismísimo demonio quien los envió. Abandoné mi novela por completo. Me abandoné a mí mismo y me sentí de maravilla. Hasta que desperté a lo que estaba haciendo. Entonces decidí terminar con todo. Arrojé los habanos por la ventana, le regalé las botellas de champán que quedaban a Jorge, quien riendo, siempre riendo, me dio las gracias y me invitó a cenar. Me vi obligado a negarme. Volví a mi casa con la determinación de negarme a todo y de entregarme a una vida frugal y vacía, alejado de cualquier tentación. Parece estar funcionando a la perfección.
Hace ya más de una semana que no fumo ni tomo. Como lo estrictamente necesario, basando mi régimen alimenticio en frutas y cereales. No sé cómo hice, pero logré matar mi apetito por todo cuanto pueda dañarme o llevarme al exceso. He llegado al punto de olvidar por qué era que fumaba, tomaba o comía como lo hacía. Al observar a la gente me pregunto por qué lo hacen, qué misterioso placer encuentran en ingerir todas esas sustancias y toxinas. Nunca llego a una respuesta satisfactoria.
Terminé mi novela. Me vi obligado a deshacerme del protagonista ya que su estilo de vida estorbaba al mío. Murió tirándose de un piso trece. Puedo decir al menos que no tuvo una muerte dolorosa, aunque sí una vida fútil y licenciosa. El libro no es bueno, como no lo era mi vida mientras lo escribí. Mi editor va a enloquecer probablemente cuando le diga que no pienso publicarlo. Además, ya estoy escribiendo otro. En él muestro las virtudes de una vida de renunciamiento basada en la moral y las buenas costumbres. Postulo que los excesos no sólo nos dañan a nosotros mismos, sino que también a los que están a nuestro alrededor y a nuestros amigos los animales y las plantas. Y voy mucho más allá en mi planteo cuando digo que Dios seguramente inventó los excesos para ponernos a prueba.Una nueva verdad me fue descubierta y ahora veo a todo aquel que fuma, toma y come más allá de lo estrictamente necesario, como a seres condenados a un círculo vicioso de necesidades inventadas por la era mecanizada y consumista en la que vivimos. Todo esto y más expongo en mi libro. Todavía no encontré un título apropiado, pero seguramente será algo así como “La Verdad Revelada luego de una Vida Licenciosa”. A pesar de su longitud, me parece altamente sugestivo, y quien no lo compre no está listo para esta revelación. Otro título posible sería “La Virtud de decir NO”, pero esto puede ser mal interpretado como algo negativo, mientras que todo es positivo en mi nueva doctrina. La vida es maravillosa y somos todos perfectibles.
Días difíciles. He entrado en una etapa de estricto ascetismo. A todo digo que no, única manera de estar seguro de no caer en alguna trampa preparada por mí mismo o por los otros. El motivo de esto es haber caído estrepitosamente casi sin darme cuenta. Pasé un par de días oscuros y confusos encerrado en el baño, tomando champán y fumando estos habanos que no puede haber sido sino el mismísimo demonio quien los envió. Abandoné mi novela por completo. Me abandoné a mí mismo y me sentí de maravilla. Hasta que desperté a lo que estaba haciendo. Entonces decidí terminar con todo. Arrojé los habanos por la ventana, le regalé las botellas de champán que quedaban a Jorge, quien riendo, siempre riendo, me dio las gracias y me invitó a cenar. Me vi obligado a negarme. Volví a mi casa con la determinación de negarme a todo y de entregarme a una vida frugal y vacía, alejado de cualquier tentación. Parece estar funcionando a la perfección.
Hace ya más de una semana que no fumo ni tomo. Como lo estrictamente necesario, basando mi régimen alimenticio en frutas y cereales. No sé cómo hice, pero logré matar mi apetito por todo cuanto pueda dañarme o llevarme al exceso. He llegado al punto de olvidar por qué era que fumaba, tomaba o comía como lo hacía. Al observar a la gente me pregunto por qué lo hacen, qué misterioso placer encuentran en ingerir todas esas sustancias y toxinas. Nunca llego a una respuesta satisfactoria.
Terminé mi novela. Me vi obligado a deshacerme del protagonista ya que su estilo de vida estorbaba al mío. Murió tirándose de un piso trece. Puedo decir al menos que no tuvo una muerte dolorosa, aunque sí una vida fútil y licenciosa. El libro no es bueno, como no lo era mi vida mientras lo escribí. Mi editor va a enloquecer probablemente cuando le diga que no pienso publicarlo. Además, ya estoy escribiendo otro. En él muestro las virtudes de una vida de renunciamiento basada en la moral y las buenas costumbres. Postulo que los excesos no sólo nos dañan a nosotros mismos, sino que también a los que están a nuestro alrededor y a nuestros amigos los animales y las plantas. Y voy mucho más allá en mi planteo cuando digo que Dios seguramente inventó los excesos para ponernos a prueba.Una nueva verdad me fue descubierta y ahora veo a todo aquel que fuma, toma y come más allá de lo estrictamente necesario, como a seres condenados a un círculo vicioso de necesidades inventadas por la era mecanizada y consumista en la que vivimos. Todo esto y más expongo en mi libro. Todavía no encontré un título apropiado, pero seguramente será algo así como “La Verdad Revelada luego de una Vida Licenciosa”. A pesar de su longitud, me parece altamente sugestivo, y quien no lo compre no está listo para esta revelación. Otro título posible sería “La Virtud de decir NO”, pero esto puede ser mal interpretado como algo negativo, mientras que todo es positivo en mi nueva doctrina. La vida es maravillosa y somos todos perfectibles.
miércoles, 9 de julio de 2008
Crónica de un ex fumador
Día 8
Llevo una semana sin fumar.
Lunes con resaca. Mala manera de empezar la semana. Por otra parte, ahora me encuentro con que ya no puedo volver al Cairo por un tiempo, ya no porque fume, sino porque ahora soy un borracho. Y aunque los borrachos no estén prohibidos (lo único que falta!), tampoco son bien vistos, y con razón.
Pasé la mañana tumbado en mi bañera sin poder leer ni escribir, y con un punzante dolor de cabeza. Ahora que el dolor de cabeza pasó me voy a poner a trabajar en mi novela, y esta vez, mi héroe no va a tomar una gota de alcohol, es más seguro que se prenda un puro, o una pipa, quizás lo haga fumar mariguana. Todo es posible.
Frinamente se diron vuelta la cosa y Segimundo, mi heror, seme puso atomar whiskyotraves e muy defenerato y yo conel.teminanos lodos en mibanieira hacindono un bano dinversion muyrelasante y nos tomaron un champanqueteniguardado me sintomuyfelisss y pontro voy a treminar con etsa histeria.
Miacabo desfumar un cigaro quencontre poray...pssss yaaakkkkkk
Eperemo quw amita nosentere jijiji ppssssssssssssssss
Oh sona el trefono...quin sara????
Errra miram jajaja ppspssssssssss tenojo
Día 9
Un tropezón no es caída. Dos, sin embargo...resulta que ahora se me ha dado por chupar...es así, te sacás un vicio de encima para ir y agarrarte otro. Si ahora dejo de tomar, se me dará por la glotonería? Es casi seguro : estoy acorralado.
Ayer fue un día por lo menos confuso. Sólo recuerdo estar en mi bañera, escribiendo mi novela y después...después me estoy prendiendo un habano que me regaló no sé bien quién ni hace cuánto tiempo. Creo que hasta me tragué el humo, después estaba en el piso, justo al lado del teléfono...ahí fue cuando todo se fue a la mierda. Recuerdo los gritos de Miriam, desgraciado! Hijo de perra! Cómo me podés hacer esto? La gente siempre se confunde y se piensa que lo que uno se hace a sí mismo se lo está haciendo a ellos. En fin. Creo que después de Miriam hablé con todos los que tienen la desgracia de encontrarse en mi agenda. Recuerdo una cosa, todos querían venir a mi casa. Mi persecuta llegó a tal punto que terminé, una vez más, encerrado en el baño con la llave puesta y semi cubierto por la manta, esperando su llegada. Nadie vino. Puro bla bla. También recuerdo fragmentariamente una conversación con Jorge, en la que él se reía mucho y repetía, relajate hermano, es normal, es tan perfectamente apropiado. Me quedó esa palabra, apropiado. Porque lo último que se me ocurriría decir de mi comportamiento de ayer es que fue apropiado. Pero Jorge sabe, Jorge entiende. Por lo menos no fui al Cairo...
Llevo una semana sin fumar.
Lunes con resaca. Mala manera de empezar la semana. Por otra parte, ahora me encuentro con que ya no puedo volver al Cairo por un tiempo, ya no porque fume, sino porque ahora soy un borracho. Y aunque los borrachos no estén prohibidos (lo único que falta!), tampoco son bien vistos, y con razón.
Pasé la mañana tumbado en mi bañera sin poder leer ni escribir, y con un punzante dolor de cabeza. Ahora que el dolor de cabeza pasó me voy a poner a trabajar en mi novela, y esta vez, mi héroe no va a tomar una gota de alcohol, es más seguro que se prenda un puro, o una pipa, quizás lo haga fumar mariguana. Todo es posible.
Frinamente se diron vuelta la cosa y Segimundo, mi heror, seme puso atomar whiskyotraves e muy defenerato y yo conel.teminanos lodos en mibanieira hacindono un bano dinversion muyrelasante y nos tomaron un champanqueteniguardado me sintomuyfelisss y pontro voy a treminar con etsa histeria.
Miacabo desfumar un cigaro quencontre poray...pssss yaaakkkkkk
Eperemo quw amita nosentere jijiji ppssssssssssssssss
Oh sona el trefono...quin sara????
Errra miram jajaja ppspssssssssss tenojo
Día 9
Un tropezón no es caída. Dos, sin embargo...resulta que ahora se me ha dado por chupar...es así, te sacás un vicio de encima para ir y agarrarte otro. Si ahora dejo de tomar, se me dará por la glotonería? Es casi seguro : estoy acorralado.
Ayer fue un día por lo menos confuso. Sólo recuerdo estar en mi bañera, escribiendo mi novela y después...después me estoy prendiendo un habano que me regaló no sé bien quién ni hace cuánto tiempo. Creo que hasta me tragué el humo, después estaba en el piso, justo al lado del teléfono...ahí fue cuando todo se fue a la mierda. Recuerdo los gritos de Miriam, desgraciado! Hijo de perra! Cómo me podés hacer esto? La gente siempre se confunde y se piensa que lo que uno se hace a sí mismo se lo está haciendo a ellos. En fin. Creo que después de Miriam hablé con todos los que tienen la desgracia de encontrarse en mi agenda. Recuerdo una cosa, todos querían venir a mi casa. Mi persecuta llegó a tal punto que terminé, una vez más, encerrado en el baño con la llave puesta y semi cubierto por la manta, esperando su llegada. Nadie vino. Puro bla bla. También recuerdo fragmentariamente una conversación con Jorge, en la que él se reía mucho y repetía, relajate hermano, es normal, es tan perfectamente apropiado. Me quedó esa palabra, apropiado. Porque lo último que se me ocurriría decir de mi comportamiento de ayer es que fue apropiado. Pero Jorge sabe, Jorge entiende. Por lo menos no fui al Cairo...
martes, 8 de julio de 2008
Crónica de un ex fumador
Día 7
Domingo. Día difícil para algunos, sobre todo si no se tiene familia (y aún más si se la tiene), y si los amigos se han convertido en harpías que uno se ve obligado a evadir. Como viene siendo mi costumbre me la pasé todo el día en el baño, metido en la bañera, sólo que esta vez me agarré una borrachera como pocas veces. Todavía estoy intentando salir de ella y volver a una sobriedad que me permita ver las cosas con mayor claridad. Todo empezó cerca del mediodía, cuando uno de mis personajes entró en crisis, y, para no ponerlo a fumar, decidí que se tomara unas copas de vino, cosa que fue un error porque sus ganas de tomar me las transmitió a mí, y sus ganas, o debería decir las mías, de fumar, fueron suplantadas por el mayor vicio de todos en estos tiempos que corren, después del cigarrillo : el alcohol. Mientras escribía, y para hacerlo más verosímil, ejem, me fui a buscar una botella de cabernet que tenía en la bodega, y así fue como me instalé en el baño a seguir escribiendo. A medida que avanzaba la trama, decrecía el contenido de la botella. De mi novela pasé a unos poemas en demasía floridos ensalsando por demás las virtudes del alcohol y así de poema en poema me fui poniendo yo cada línea más borracho. La pasé divinamente. Estaba yo en la bañera, envuelto con una manta, escribiendo efusivamente y deleitándome con cada una de mis frases, hasta que escribir ya no me bastó y sentí la necesidad, o debería decir la necedad, de comunicarme en vivo y en directo con seres hablantes. Debo confesar que fue con gran esfuerzo que conseguí desenroscarme de la manta y salir de la bañera. Me inundó una repentina sensación de mareo y nauseas, a la que no hice caso. Tambaleándome me vestí y salí de mi casa. Arremetí hacia El Cairo, diciéndome que esta vez sí, esta vez iba a poder quedarme sentado y disfrutar de una velada pacífica e intelectual. Llevé conmigo a Pessoa, gran tomador (y fumador), sin miedo alguno, abrazándome al libro como para no perder el equilibrio. Nos sentamos en la que solía ser mi mesa de siempre y entablamos una productiva conversación. Al rato vino el mozo, me saludó cordialmente, qué bueno tenerlo de vuelta señor; yo le sonreí con picardía; él me miró perplejo. El señor va a tomar...sí, pensé, voy a tomar, quedate tranquilo que voy a tomar. Un whisky, le dije, y le guiñé un ojo. Él sonrió y se retiró moviendo la cabeza de un lado a otro. “Fracasé, como toda la naturaleza”, decía Pessoa. Se me escapó una risotada tan fuerte que los de las mesas contiguas se dieron vuelta para mirarme. Jeje, dejé de fumar, les dije, y, acto seguido enrojecí y volví a meter la cabeza en el libro. El mozo me trajo el whisky, me lo tomé de un solo trago y pedí otro. Hoy estamos de buen humor, dijo el mozo. Excelente, le respondí, y sonreí maliciosamente. Una vez más el ir y venir de su cabecita mientras se retiraba con mi pedido. “...todo vegeta en mayor o menor grado y con mayor o menor complejidad.” Muy cierto, me dije, y largué un suspiro sonoro. Otra vez miraditas provenientes de la mesa de al lado. Cosa extraña, me sentía acompañado como hace rato no me pasaba, por Pessoa, por supuesto, pero también por las miradas de los otros comensales y el ir y venir de la cabecita del mozo. Todo estaba en concordancia conmigo, formábamos una orquesta estupenda, la cual yo dirijía. Ahora ustedes se van a dar vuelta y me van a mirar, y ahora vos vas a mover la cabeza en un gesto de perplejidad y quizás desaprobación. Y todo esto lo van a hacer porque así lo dispongo yo.
Después de tres whiskies y el desasosiego de Pessoa retumbándome en la cabeza, pedí la cuenta y salí del café con la mayor dignidad posible, no sin antes despedirme efusivamente del mozo y de mis vecinos de mesa con un buenas noches a todos, queridos, queridísimos compañeros, les deseo lo mejor, la salud, sobre todo, hermosa gente que no fuma!! O algo por el estilo...Una vez en la calle, respiré profundamente el aire mortecino de la ciudad y me dirijí hacia mi baño. Pero resulta que en el camino me encuentro con una hermosa chica que no debía tener más de veinte años y que fumaba un cigarrillo mientras hablaba con otra. No pude evitarlo, y fui yo, créanme, el más sorprendido. No tentés que fumás, le dije, tratando de controlar mi mandíbula. Qué?, me dijo ella con la cara desfigurada. Que no tennnés que fffumar, jeje. Y una vez más me sonrojé y seguí mi camino mientras escuchaba los insultos de la chica y su amiga. Bien merecidos los tuve. No quise hacerlo, pero, teniendo la guardia baja, nació de mí mi primer reacción de ex fumador. Nuevamente a salvo en mi bañera, lo recuerdo y me maldigo.
Domingo. Día difícil para algunos, sobre todo si no se tiene familia (y aún más si se la tiene), y si los amigos se han convertido en harpías que uno se ve obligado a evadir. Como viene siendo mi costumbre me la pasé todo el día en el baño, metido en la bañera, sólo que esta vez me agarré una borrachera como pocas veces. Todavía estoy intentando salir de ella y volver a una sobriedad que me permita ver las cosas con mayor claridad. Todo empezó cerca del mediodía, cuando uno de mis personajes entró en crisis, y, para no ponerlo a fumar, decidí que se tomara unas copas de vino, cosa que fue un error porque sus ganas de tomar me las transmitió a mí, y sus ganas, o debería decir las mías, de fumar, fueron suplantadas por el mayor vicio de todos en estos tiempos que corren, después del cigarrillo : el alcohol. Mientras escribía, y para hacerlo más verosímil, ejem, me fui a buscar una botella de cabernet que tenía en la bodega, y así fue como me instalé en el baño a seguir escribiendo. A medida que avanzaba la trama, decrecía el contenido de la botella. De mi novela pasé a unos poemas en demasía floridos ensalsando por demás las virtudes del alcohol y así de poema en poema me fui poniendo yo cada línea más borracho. La pasé divinamente. Estaba yo en la bañera, envuelto con una manta, escribiendo efusivamente y deleitándome con cada una de mis frases, hasta que escribir ya no me bastó y sentí la necesidad, o debería decir la necedad, de comunicarme en vivo y en directo con seres hablantes. Debo confesar que fue con gran esfuerzo que conseguí desenroscarme de la manta y salir de la bañera. Me inundó una repentina sensación de mareo y nauseas, a la que no hice caso. Tambaleándome me vestí y salí de mi casa. Arremetí hacia El Cairo, diciéndome que esta vez sí, esta vez iba a poder quedarme sentado y disfrutar de una velada pacífica e intelectual. Llevé conmigo a Pessoa, gran tomador (y fumador), sin miedo alguno, abrazándome al libro como para no perder el equilibrio. Nos sentamos en la que solía ser mi mesa de siempre y entablamos una productiva conversación. Al rato vino el mozo, me saludó cordialmente, qué bueno tenerlo de vuelta señor; yo le sonreí con picardía; él me miró perplejo. El señor va a tomar...sí, pensé, voy a tomar, quedate tranquilo que voy a tomar. Un whisky, le dije, y le guiñé un ojo. Él sonrió y se retiró moviendo la cabeza de un lado a otro. “Fracasé, como toda la naturaleza”, decía Pessoa. Se me escapó una risotada tan fuerte que los de las mesas contiguas se dieron vuelta para mirarme. Jeje, dejé de fumar, les dije, y, acto seguido enrojecí y volví a meter la cabeza en el libro. El mozo me trajo el whisky, me lo tomé de un solo trago y pedí otro. Hoy estamos de buen humor, dijo el mozo. Excelente, le respondí, y sonreí maliciosamente. Una vez más el ir y venir de su cabecita mientras se retiraba con mi pedido. “...todo vegeta en mayor o menor grado y con mayor o menor complejidad.” Muy cierto, me dije, y largué un suspiro sonoro. Otra vez miraditas provenientes de la mesa de al lado. Cosa extraña, me sentía acompañado como hace rato no me pasaba, por Pessoa, por supuesto, pero también por las miradas de los otros comensales y el ir y venir de la cabecita del mozo. Todo estaba en concordancia conmigo, formábamos una orquesta estupenda, la cual yo dirijía. Ahora ustedes se van a dar vuelta y me van a mirar, y ahora vos vas a mover la cabeza en un gesto de perplejidad y quizás desaprobación. Y todo esto lo van a hacer porque así lo dispongo yo.
Después de tres whiskies y el desasosiego de Pessoa retumbándome en la cabeza, pedí la cuenta y salí del café con la mayor dignidad posible, no sin antes despedirme efusivamente del mozo y de mis vecinos de mesa con un buenas noches a todos, queridos, queridísimos compañeros, les deseo lo mejor, la salud, sobre todo, hermosa gente que no fuma!! O algo por el estilo...Una vez en la calle, respiré profundamente el aire mortecino de la ciudad y me dirijí hacia mi baño. Pero resulta que en el camino me encuentro con una hermosa chica que no debía tener más de veinte años y que fumaba un cigarrillo mientras hablaba con otra. No pude evitarlo, y fui yo, créanme, el más sorprendido. No tentés que fumás, le dije, tratando de controlar mi mandíbula. Qué?, me dijo ella con la cara desfigurada. Que no tennnés que fffumar, jeje. Y una vez más me sonrojé y seguí mi camino mientras escuchaba los insultos de la chica y su amiga. Bien merecidos los tuve. No quise hacerlo, pero, teniendo la guardia baja, nació de mí mi primer reacción de ex fumador. Nuevamente a salvo en mi bañera, lo recuerdo y me maldigo.
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